Ricardo Sada

La oración es algo muy personal. Y misterioso. Más allá de cualquier técnica, se ora como se es. Y más allá de cualquier empeño personal, la oración es un don, que Dios concede cuando se lo pedimos: "Enséñanos a orar…", piden a Jesús sus discípulos.

Acudiendo a los escritos de los grandes orantes de la historia y a la experiencia de diversas personas, el autor nos ofrece aquí pistas para aprender a comunicarse con Dios a diario: la importancia del silencio, la paz interior y el recogimiento, saber escuchar, orar con la Escritura, pasar ratos ante la Eucaristía, etc. (...)